Suspiraste,
y con tu soplo todos nuestros miedos volaron libres
escapando de nuestras entrañas;
frías jaulas forjadas en la inseguridad.
Me dijiste “te quiero”,
Pero aún me pregunto si hablabas de mí
O de nuestro fantasma
Pues ambos habíamos pasado a otra vida,
A una en la que el amor no nos amparaba.
Aunque aquel día,
Logramos que la primavera y el invierno se uniesen
Únicamente con el frío de mis manos temblorosas,
Matizando el calor de tus mejillas de miel.
Y los dos cobramos aquella vida pasada.
Pero a cambio
Estábamos vendiendo nuestras almas,
Condenándolas al peor demonio;
No al del mismísimo infierno,
Sino al de la ignorancia.
Ya que ignoramos la existencia del verano,
Que reseca las flores y calcina las mariposas
Y derrite los copos de nieve;
Todo lo que algún día
Había avivado nuestro amor.
Había avivado nuestro amor.
Y de nuevo, me dijiste “te quiero”
Pero tu mirada habló por sí sola,
Pues esas palabras cayeron al olvido como dos hojas
en una tarde otoñal de miradas en blanco y negro,
Acontecida en el bosque de tus ojos.
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